“Evaluación y discusión de un conjunto de medidas educativas, laborales y fiscales que busquen disminuir las contradicciones entre maternidad deseada y desarrollo integral de la mujer” 
 
 
 
 
 
 

Carmen Varela Petito1 
 
 
 
 
 
 

Documento elaborado para el Ciclo de Talleres: 

“Políticas de Población: Debate Sobre Propuestas Concretas” 
 
 
 
 
 

Octubre 2007 

Organizan: 
 
 

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Evaluación y discusión de un conjunto de medidas educativas, laborales y fiscales que busquen disminuir las contradicciones entre maternidad deseada y desarrollo integral de la mujer2 

     El reciente descenso de la fecundidad por debajo del nivel de reemplazo3 de la población (2,04 hijos por mujer en 2005), unido a la continuación del proceso emigratorio, ha motivado la preocupación y el debate desde distintos ámbitos de la sociedad, acerca de los efectos que genera el escenario demográfico actual sobre el futuro de la población y el desarrollo del país. (Varela, C., 2007). 

     Uruguay es un país que desde hace cincuenta años tiene un promedio bajo de hijos por mujer y, consecuentemente, un envejecimiento de su población. En lo que respecta al nuevo ajuste de la fecundidad, en la medida que éste sea sostenido en el tiempo, va a implicar una acentuación del envejecimiento, una disminución de la población menor de 15 años y una reducción –en el mediano plazo- de la población en edades activas. Esta situación comprometerá y presionará el sistema de pensiones y seguridad social y obligará a la redistribución de la asignación de recursos técnicos, financieros y materiales tanto al interior del sistema de salud como de enseñanza, entre otros efectos esperables.  

  El descenso de la fecundidad puede estar reflejando en parte una insatisfacción respecto al número de hijos tenidos, producto de los conflictos entre la esfera reproductiva y productiva. En la dinámica cotidiana de las mujeres, donde la esfera doméstica ya no es su único ámbito y la maternidad en muchos casos no es el único proyecto de vida, se suceden conflictos entre los tiempos que requiere la crianza (que continúa estando mayoritariamente a su cargo) y los tiempos dedicados al trabajo y a otras actividades. La crianza de un niño requiere tiempos de dedicación por un período prolongado. Para ello es necesario contar con determinadas condiciones que permitan disfrutar la maternidad y la paternidad, a la vez que ambos progenitores puedan desarrollarse en forma integral más allá de su rol parental. 

  “La crianza humana no está presente en la agenda social del país, sería necesario incorporarla. Ello requiere el reconocimiento de los derechos de crianza, que son los derechos adquiridos de aquellas personas que desean hacerlo por íi mismas y los derechos sustitutivos de crianza de los niños en determinados momentos del dí,a para aquellos que así lo prefieran  Es una cuestión de derechos que las mujeres y los varones no tengan que posponer o limitar su reproducción porque no cuentan con requerimientos adecuados para la crianza de sus hijos”. (Varela, C., 2006)

cargo

  En este marco, desplazamos la discusión de la baja o alta natalidad y la necesidad de promover políticas que fomenten su incremento, hacia la preocupación por la falta de políticas sociales que acompañen la crianza de los hijos y permitan conciliar la maternidad y la paternidad, con el desarrollo integral de las personas. Las políticas familiares y de apoyo a la crianza no deberían perseguir un objetivo demográfico, sino de garantizar los derechos de las mujeres y los varones para decidir su descendencia. Deberían brindar las condiciones adecuadas que permitan alcanzar la satisfacción sobre el número de hijos que se desean tener y conciliar la maternidad y la paternidad con las restantes actividades de su proyecto de vida.  

  Los conflictos que devienen por la falta de este tipo de medidas conducen en algunos casos –como se menciona más arriba- a restringir el número de hijos tenidos y se manifiestan en una insatisfacción por defecto, vale decir, menos hijos de los que realmente se desean tener. También las mujeres que expresan una insatisfacción por encima de la deseada respecto al número de hijos tenidos, pueden enfrentar tensiones no sólo porque no tienen el acceso a las condiciones adecuadas para controlar su reproducción sino porque, además, se les dificulta combinar la crianza de sus hijos con el desempeño laboral. 

  La investigación realizada por Peri y Pardo (2006) revela que en el Uruguay el  46,3% de las mujeres de estratos sociales medios y el 41,7% de estratos altos tienen menos hijos de los que desearían tener. Por el contrario, el 33,6% de las mujeres de estratos bajos manifiestan que tienen más hijos de los que desearían. La insatisfacción en el plano reproductivo enfrenta a las personas a un déficit de bienestar respecto a la familia que desean y a sus posibilidades de desarrollo personal.  

  Los datos sobre insatisfacción por defecto respecto al número de hijos tenidos y deseados se puede vincular con la observación del número de hijos que tienen las mujeres con distintos niveles educativos4 a los 30 años y al final de su vida reproductiva (40 a 49 años). (Varela, C. investigación en curso, 2007). 

  En los cuadros siguientes se observa que el 38,7% de las mujeres entre los 30 y 34 años,  con educación media alta y alta tiene cero hijos y que el 31% tiene 1 hijo. Estas mujeres todavía están en un momento en el ciclo de vida que les permite tener hijos. Sin embargo estos datos muestran un retraso en el calendario reproductivo y una intensidad baja de su fecundidad, que puede redundar en una insatisfacción por defecto de su descendencia al finalizar su período fértil. Estos datos, sin embargo, no son suficientes para realizar tal vinculación. Por otra parte, el 15,8% de las mujeres entre 40 y 49 años (que prácticamente han finalizado su posibilidad reproductiva) se ha quedado por fuera de la maternidad (cero hijo) y el 19,1% de las mujeres más educadas tuvo un hijo, valor que se sitúa por debajo del promedio nacional (2 hijos).

 

 

 
 
 
Porcentaje de mujeres de 40a 49 años   
por educación según número de hijos  
Uruguay - 2006    
  Baja Media Media alta y alta
0 6,7 9,1 15,8
1 13,3 17,7 19,1
2 26,3 34,9 38,2
3 20,3 22,0 19,4
4 12,9 8,7 5,5
5 o más 20,6 7,6 2,0
Total 100,0 100,0 100,0
Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la
Encues Nacional de Hogares Ampliada, INE 2006
 
 

  Entendemos que los elementos señalados pueden ser un insumo para la elaboración de una agenda pública que contenga un conjunto de medidas que acompañen la crianza de los hijos y mejoren especialmente las contradicciones existentes entre maternidad y desarrollo laboral y profesional. La formulación de las  mismas debería concebirse desde un enfoque de género y derechos, de modo de que sea respetuoso de las decisiones personales y que no profundice las desigualdades existententes entre mujeres y varones. Todo ello desde una mirada integral que se vincula con brindar mejores condiciones de vida para las mujeres y los varones del conjunto de la sociedad. 

  La maternidad o la paternidad, como se señaló anteriormente, en muchos casos son parte y no lo único del proyecto de vida de las personas. La inserción en el mercado laboral, el ejercicio profesional, la formación continua, el tiempo dedicado al ocio no deberían ser vividos -especialmente por las mujeres- con  “culpa”, como un obstáculo que se interpone en la crianza adecuada de su o sus hijos. 

  Concebimos las decisiones reproductivas y el ejercicio de las mismas como derechos humanos, que deben ser respetados como tales y que tanto el Estado como la sociedad en su conjunto deben generar las condiciones apropiadas para que los mismos se puedan ejercer libremente y sin conflictos con el desempeño de la esfera productiva. 

   Discutir medidas que atenúen los conflictos entre la esfera reproductiva y productiva hace referencia a las políticas familiares. Estas políticas tienden a posibilitar que las personas puedan: 

    1) tener los hijos que desean;  

   2) superar las contradicciones entre desarrollo personal de las mujeres y la procreación (conciliar el trabajo, la educación y la reproducción);  

   3) dada la nueva estructura del empleo y de los hogares, disminuir los riesgos sociales a los que se enfrentan las familias con hijos (Esping-Andersen, G., 2004, p. 46).  

   La legislación al respecto en el Uruguay ha sido escasa, sólo ha contemplado la licencia maternal por 12 semanas, la mitad antes del parto y las restantes post parto y, para el caso de las empleadas públicas, un lapso hasta los 6 meses de edad del niño de medio horario para el amamantamiento. Como transferencias monetarias, lo único existente ha sido una prima por nacimiento y el régimen de asignaciones familiares, el cual, en la actualidad, se anuncia la aprobación de la modificación del monto, volviéndose más significativo para las personas de bajos recursos.  

   El país no ha tenido políticas sociales expresas que faciliten a los progenitores la crianza de los niños. Entendemos que para acompañar el crecimiento de los hijos libre de contradicciones y culpas entre las tareas de crianza, de trabajo, de formación y de recreación, es necesario generar un debate sobre distintas propuestas que permitan (especialmente a las mujeres que siguen teniendo mayoritariamente la carga de crianza) superar dichas tensiones, teniendo especial cuidado en que las medidas que se implementen no promuevan una mayor desigualdad y discriminación entre mujeres y varones. 

   La implementación de políticas de crianza implica debatir y evaluar acerca de los costos que insumirían la ejecución de este tipo de medidas. La adopción de las mismas debería de ser gradual de manera que no signifiquen un riesgo para el sistema fiscal y por tanto corran el riesgo de no poder ser sustentables.  

   También implica promover un proceso de cambio cultural a nivel de los distintos actores sociales: gobierno, empresas, sindicatos, mujeres y varones, de manera de superar la contradicción existente entre: hijos, trabajo y desarrollo personal. 

   Ahora bien, la implementación de políticas de crianza redundaría en una mayor protección a la infancia y la adolescencia, generando un entorno propicio para el crecimiento y desarrollo de los mismos. 

   También estas medidas contribuirían a generar una mayor igualdad entre las mujeres de distintos estratos sociales, que se sumarían a las diversas políticas sociales que el país se encuentra implementando y que tienen como objetivo superar la segregación social que se ha instalado en la sociedad uruguaya. (Filardo, V., 2002 ). 

   Las ideas que se desarrollan en este documento se basan en un conjunto de ideas tendientes a generar el debate en el sistema político y en distintos ámbitos de la sociedad, para la creación de una agenda pública que promueva medidas que acompañen la crianza de los hijos y atenúen las tensiones existentes entre el ejercicio de la maternidad/paternidad y el desarrollo integral de la mujer y el varón. En particular, estas medidas deberán tender a disminuir las contradicciones entre los tiempos dedicados a la atención de los hijos, el trabajo, la formación y el ocio, en especial para la mujer, que continúa siendo la que tiene la mayor carga de los cuidados tanto de los hijos como de otros integrantes de la familia.  
 

 

Propuestas para la discusión de medidas de conciliación entre maternidad y ejercicio profesional: hacia un desarrollo integral de mujeres y varones  
 

   Las nuevas modalidades de la familia, la autonomía individual  y la emancipación de la mujer son fenómenos centrales que generan cambios en el significado de la maternidad y el proyecto de vida de las actuales mujeres. ”…los cambios ligados al creciente proceso de individualización en las sociedades contemporáneas, llevan a que los individuos quieran cada vez más de la vida en general y de sus relaciones interpersonales en particular”. (Paredes, M., 2003, p. 75). Este proceso está unido a la conquista de una mayor democratización de las relaciones entre mujeres y varones y a una equidad en la distribución de roles y responsabilidades de los mismos. Todo ello orientado a una valorización de un proyecto individual, que integre el desarrollo profesional y la inserción en el mercado laboral con la maternidad y las relaciones familiares. 

   En los países de occidente, las esferas reproductiva y productiva han estado segmentadas y diferenciadas entre los hombres y las mujeres, destinándose básicamente a los hombres la sustentación económica del núcleo familiar  y a las mujeres el cuidado de los hijos y del hogar. La incorporación progresiva de la mujer en el mercado de empleo, junto al papel de los movimientos feministas, han posibilitado la salida de la mujer del ámbito doméstico y su participación en la esfera pública a la vez que, con grandes dificultades, los hombres participen más del ámbito doméstico y la crianza de los hijos. 

   Es de destacar que en el Uruguay los cambios que se han ido generando no implican que la carga de crianza sea compartida en forma igualitaria por ambos progenitores ni que se haya contado con apoyos que faciliten la crianza de los hijos por  parte del Estado. Es por ello que durante este proceso de transformaciones se generan tensiones y contradicciones (particularmente para la mujer) entre la crianza de los hijos -el disfrute de la misma- y el desarrollo de otras actividades como el trabajo, la formación y el ocio. (Aguirre, R. y Batthyany, K., 2005). 

   La implementación de políticas sociales que faciliten la crianza de los niños no deberían de hacerse esperar y tendrían que tender a integrar la esfera reproductiva con la productiva, sin que una vaya en desmedro de la otra y prestando especial atención a que las disposiciones a las que se arribe no sean exclusivamente para que sólo las mujeres puedan compatibilizar el mundo familiar y laboral y de esta forma reforzar la discriminación hacia la mujer. Es necesario promover un cambio cultural para que también los varones se incorporen a las dos esferas y asuman por igual las responsabilidades de crianza de sus hijos. 

   La implementación de políticas de crianza o conciliación se han implementado en algunos países desarrollados5 y han obtenido por lo general resultados exitosos. Al respecto Flaquer manifiesta que en países de la Unión Europea que han implementado políticas que acompañen la crianza, “…sean cuales fueren las posiciones polítco-ideológicas que motivan las medidas de conciliación entre ocupación y familia, parece ser que –a pesar de sus límites- han permitido que las parejas, o las mujeres solas en el caso de las familias monoparentales, puedan gestionar mucho mejor sus trayectorias vitales. Además, su implantación ha facilitado que una parte importante de la población tenga los hijos deseados y pasar sin traumatismos socioeconómicos por situaciones conyugales de continuidad o ruptura y también desarrollar la carrera laboral de las mujeres. En cambio, su ausencia dificulta en gran manera estos procesos de crecimiento personal y social”. (Flaquer, L, 2000, p. 82). 

   En este sentido se ha generado consenso en torno a ciertas medidas que permiten conciliar las responsabilidades familiares con las profesionales y posibilitan una mejor integración entre la esfera productiva y la reproductiva. Ellas se vinculan básicamente con: 

1) servicios de atención a los niños mientras los padres desarrollan otras actividades,  

2) regulaciones laborales respecto a la extensión de la jornada de trabajo y flexibilidad horaria,  

3) licencias parentales por nacimiento de hijos o adopción de niños 

   A su vez a estos tres grupos de medidas se  incorporan disposiciones fiscales que promueven y facilitan la implementación de las mismas. A continuación desarrollamos algunas propuestas para la discusión que apuntan a estos tres grandes ítems. 

  1. Servicios de atención a los niños
 

   Las experiencias  de países pertenecientes a la Unión Europea muestran que los incentivos económicos son insuficientes para atenuar las tensiones entre maternidad y desarrollo integral de las mujeres. En general se encuentra un efecto más positivo con la implementación de los servicios de cuidado infantil durante el lapso del día en que los padres no pueden ocuparse de ellos por su desempeño laboral. En particular esto se ha observado en Francia, Suecia y los países nórdicos en general, que han puesto en práctica medidas generalizadas para el cuidado de los niños pequeños (0 a 4 años) mientras los padres trabajan, y de servicios de atención a los niños escolares luego de finalizada la jornada educativa. (RAND EUROPE, 2006). 

   En este sentido, una medida a tener en cuenta sería la generalización de un sistema público de servicios de cuidado y educación para niños de 0 a 3 años. También se puede promover la implementación de estos servicios a nivel privado y de esta forma descomprimir el sistema público de educación inicial. 

   En el caso de las empresas, el Estado podría incentivar la incorporación de servicios de guarda de niños pequeños (0 a 3) para los hijos de los trabajadores a través de la deducción de impuestos, y para aquellos padres que envíen a sus hijos a guarderías pagas, la posibilidad de deducir parte de los costos del impuesto a la renta de las personas físicas (IRPF). 

   Otra opción a tener en cuenta sería que para aquellos padres que opten por emplear una persona para el cuidado de los niños en el hogar, puedan deducir impuestos por los costos que ello les insume. Este tipo de medida, sin embargo, puede ser poco equitativa desde el punto de vista de la diferenciación social vertical, porque favorecería solo aquellas familias que pagan IRPF y por tanto lo podrían deducir. 

   Flaquer señala que existen grandes diferencias entre los países que han implementado  servicios de guarda para niños pequeños con el fin de conciliar la crianza de los hijos con la inserción en el mercado laboral. “…en 1988 mientras que en Bélgica Dinamarca, Francia, Italia y Suecia más del 80% de niños de tres años tenían una plaza en una guardería pública o fuertemente subvencionada por el Estado, Australia, Canadá y Japón solamente ofrecían plazas al 25% de los niños de esa edad”. (Flaquer, L. 2000, p. 88). 

   Francia, en particular, fue uno de los primeros países en considerar como un deber desarrollar un servicio público de guarderías que atendiese a toda la población de niños pequeños. Esta medida, junto a otras disposiciones de flexibilización y reducción de la jornada laboral, ha logrado mejorar la conciliación entre maternidad y trabajo.  

   Respecto a los servicios de cuidado de los niños en la primera infancia es importante tener en cuenta los objetivos de los mismos. Estos pueden estar orientados al mero cuidado de los niños para facilitar la incorporación de las madres en el mercado de empleo -y carecer de contenidos pedagógicos que apunten a una mejor socialización del niño- mientras que otros tienen sólidos contenidos educativos y de incentivos de los pequeños. 

   Las propuestas anteriores se orientan a la atención de los niños pequeños, pero no tienen en cuenta a los niños en edad escolar y a los adolescentes. Dependiendo de la jornada laboral de los padres y de la extensión horaria escolar, puede ser necesaria la instrumentación de servicios de atención y recreación para el lapso que dista entre la salida de la escuela y el regreso de la madre o el padre al hogar. 

   Por otra parte, los adolescentes también necesitan ámbitos de socialización que los contengan luego de finalizada la jornada educativa y en horarios en que los padres se encuentran todavía ausentes del hogar. 

   Una idea al respecto podría ser la organización de centros recreativos a partir de la iniciativa conjunta de organizaciones no gubernamentales y los municipios departamentales. Para el caso de Montevideo, la descentralización ya existente podría facilitar dicha instrumentación a partir de los centros comunales zonales. 
 

  1. Medidas en la esfera laboral
 

   Los requerimientos de los niños a lo largo del ciclo vital son diferentes y, en consecuencia, la carga de crianza y los tiempos son diferentes en sus distintas etapas. El Estado debería implementar medidas que contemplaran esas diferentes etapas y atenuaran las tensiones entre la esfera reproductiva y la productiva, medidas que deberían abarcar tanto al sector público como al privado. 

   Sin embargo, hay que tener en cuenta que los cambios a nivel del mercado laboral que promuevan una mayor protección a mujeres con hijos pequeños o embarazadas, implican un cambio de mentalidad en todos los actores involucrados, los empresarios, directivos del ámbito público, los sindicatos, las mujeres y los varones. En el imaginario empresarial, las mujeres con hijos pequeños o embarazadas representan un problema. Esa es una primera cuestión a abordar y cambiar, y los sindicatos podrían incorporar este tema para convertirse en actores importantes en ese proceso de transformación.  

   Las medidas a considerar se vinculan con:  

  1. proteger a las mujeres trabajadoras embarazadas de posibles despidos y promover incentivos a las empresas que empleen mujeres con hijos pequeños
 
  1. reducir la extensión de la jornada laboral por un período a definir, mientras los hijos son pequeños,
 
  1. admitir ausencias del trabajo para la atención de la salud de los hijos,
 
  1. posibilitar que estas medidas sean pasible de uso tanto para la mujer y el varón
 

   a) Impedir los despidos de las mujeres embarazadas. Si bien existe una legislación al respecto, no impide el despido sino que asegura una indemnización en caso que se suceda el mismo. El proyecto de ley propuesto por el diputa Cánepa (Nuevo Espacio), plantea la prohibición del despido. A esta reglamentación se le podría agregar  una política de incentivos a través de deducciones fiscales, para aquellas empresas que incorporen en sus plantillas mujeres con hijos pequeños.  
 

   b) La jornada laboral de medio tiempo para los padres con hijos pequeños, durante un período delimitado, es una estrategia que algunos países adoptan para alcanzar una mayor conciliación entre la vida laboral y familiar. La posibilidad de adoptar esta medida debe estar orientada a la elección indistinta por parte de la madre o el padre, sin la pérdida de beneficios y con la posibilidad de reintegro al tiempo completo cuando la trabajadora o el trabajador lo deseen.  

   Sin embargo, en los países que se implementa esta política son mayoritariamente las mujeres las que tienden a optar por estas facilidades. Es necesario promover los cambios para que también los varones opten por estas  facilidades, lográndose relaciones más igualitarias y a su vez que ellos también puedan acompañar, asumir y disfrutar  la crianza de sus hijos. 

   En los países de la Unión Europea se puede apreciar que el empleo a tiempo parcial  es básicamente femenino. Cuatro de cada cinco puesto de trabajo a tiempo parcial están ocupados por mujeres. Los países en donde la participación masculina es más elevada en la asunción de la jornada a medio tiempo son: Grecia, Finlandia Portugal, Italia, Dinamarca, Irlanda, Holanda y España (el rango de variación va de un 40% en Grecia a un 25% en España). (Flaquer, L., 2000). 

   La elección mayoritariamente femenina de la jornada de medio tiempo, en lugar de avanzar hacia una mayor igualdad entre mujeres y varones puede llevar a una mayor discriminación y desigualdad entre ellos. De todas maneras, con el paso del tiempo, en los países europeos que han implementado este tipo de medidas se observa un crecimiento de la participación de los hombres en la elección de la jornada de medio tiempo. 

   Holanda es un ejemplo en este sentido: entre 1985 y 1995 el porcentaje de mujeres ocupadas a tiempo parcial respecto del total pasó de 51,6% a 67, 2%, los hombres aumentaron del 7,7% a 16,8%. En términos relativos es más significativo el incremento en los hombres. La protección del trabajo a tiempo parcial para mujeres y varones fue el producto de la confluencia de intereses entre los sindicatos, el movimiento feminista y el gobierno.  (Flaquer, L., 2000). 

   c) Ausencias del trabajo por atención de la salud de los hijos. Otra medida importante en términos de legislación laboral sería la factibilidad de ausentarse del trabajo en caso de enfermedad de los hijos o de atención de salud sin que ello acarree costos tanto económicos como en la precariedad del trabajo. Otra vez, en este tipo de decisiones está presente la cuestión de que no siempre sea la mujer la que toma este tipo de decisiones. 

   Cualquiera de estas medidas deberá estar acompañada de incentivos hacia las empresas por parte del Estado, ello traducido en deducción de impuestos a las empresas y en la compensación a los trabajadores de parte de la pérdida del salario. En la medida en que la adopción de estas reglamentaciones no comprometa de forma importante el monto del salario de la trabajadora o el trabajador, estas medidas van a ser más factibles de usufructuar y hará que esa modalidad también sea optada por parte del varón. 

   Las medidas que se implementen deberán de ser cuidadosas de no caer en un refuerzo de la desigualdad y discriminación de la mujer, en tanto estas facilidades no sean usufructuadas por ambos progenitores. 

   Las desigualdades de género que aún persisten en la sociedad y que se traducen en roles diferenciales para mujeres y varones, generan una sobrecarga para las mujeres que aspiran a un proyecto de vida más allá de la maternidad. El tener un hijo no debería de ser un impedimento para que las mujeres puedan trabajar. En la medida que los hombres aumenten su contribución al trabajo familiar y que se impliquen sustancialmente en la educación y crianza de los hijos, se podrá compatibilizar mejor la vida familiar y laboral. 
 
 
 

  1. Licencias parentales
 

   La legislación existente en el país respecto a licencia por el nacimiento de un hijo está dirigida exclusivamente a la mujer y se extiende por 12 semanas, repartidas antes y después del parto. Para el caso de los empleados públicos existe la posibilidad de contar con una jornada laboral de medio tiempo para amamantamiento, pero sólo hasta que el niño cumpla 6 meses. 

   Recientemente el diputado del Frente Amplio Diego Cánepa (Nuevo Espacio) ha propuesto a la bancada de su partido un proyecto de ley sobre “fuero maternal y de lactancia”. El legislador manifestó que estas iniciativas procuran “avanzar lo más posible en una profundización de los derechos de los ciudadanos” y agrega que ello implica “la ampliación de los espacios de libertad del ciudadano”. (Búsqueda, 20/9/2007). 

   Las medidas de este proyecto, que abarcarían la prohibición de despido a las embarazadas y la garantía de que todas las mujeres trabajadoras, públicas y privadas, puedan tener una jornada de medio horario hasta que el niño cumpla los seis meses de vida, a fin de garantizar un adecuado amamantamiento, no avanzan en términos de disposiciones que contribuyan a la igualdad entre mujeres y varones en la carga de crianza de los hijos. Sólo considera a la mujer en términos de las necesidades respecto al amamantamiento del niño y la pérdida del trabajo por causa de embarazo. El diputado Cánepa también se plantea la posibilidad de extender la licencia por maternidad de 14 a 16 o incluso 18 semanas, para ello se plantea estudiar la viabilidad de esta medida con el BPS. 

   La propuesta, si bien implica un avance respecto a acompañar la crianza de los niños, no tiene en cuenta a los varones y no considera otras reglamentaciones que puedan atenuar las contradicciones y tensiones que se les generan a las mujeres (por ser ellas quienes mayoritariamente asumen las cargas de cuidados familiares) entre la crianza de sus hijos y la inserción y el desempeño laboral. 

   Entendemos que el país podría avanzar en materia de licencia por nacimiento de un hijo extendiendo el plazo del mismo y con la posibilidad de que por, lo menos en una etapa, sea factible de ser usufructuada por el varón.  

   Esto contribuiría a que las medidas que se implementen no constituyan exclusivamente decisiones para que las mujeres compatibilicen el mundo familiar y laboral, reforzando la discriminación hacia la mujer. Es necesario promover un cambio cultural para que también los varones se incorporen a los dos mundos y asuman por igual las responsabilidades de crianza de sus hijos. El hecho de que los varones puedan disfrutar de licencia para el cuidado de un hijo recién nacido, avanza en los términos mencionados. 

   Otro punto crítico y que es muy importante al momento de decidir la licencia parental, es el porcentaje de reducción del salario. En la medida que el porcentaje de disminución sea elevado y que continúen habiendo salarios mayores para los varones, van a ser las mujeres las que continúen optando por la elección de la licencia en su totalidad. Esta situación se puede mejorar con la reglamentación de que haya una parte de la licencia que sea exclusiva para usufructo del padre y que, de no tomarla, el varón pierda el beneficio. Lo otro y más importante aún, es avanzar hacia la igualdad de remuneraciones entre mujeres y varones. 

   El impacto económico en la economía familiar por la disminución del salario cuando se toman este tipo de licencias podría atenuarse con incentivos de tipo fiscal hacia las empresas que compensen una parte de esta pérdida salarial. 

   Entre los países que incorporan la licencia parental a los varones hay diversidad de opciones. Unos les otorgan apenas unos pocos días, en otros en que la licencia por nacimiento de un hijo es extensa, dan la posibilidad de que la tome indistintamente la mujer o el varón; en otros, es obligatorio que parte de la licencia la tome el padre y en el caso de que no la tome se pierde. 
 

Algunos testimonios… 

     Por último y a modo de cierre, damos paso a algunos testimonios de mujeres jóvenes de distintas profesiones que reflejan algunas de las necesidades que las mujeres manifiestan para conciliar la maternidad con el ámbito laboral. 

A la pregunta:  

¿Qué apoyos necesitarías para tener un hijo y conciliar tu desarrollo personal y profesional con la maternidad? Responden: 

“Motivar a las empresas grandes a que tengan jardines cerca de las madres que trabajan, que tengan realmente posibilidades de vacaciones, horarios especiales o licencias”. “Ahora, sabemos que muchos de esos beneficios existen, pero quienes tenemos niños sabemos que afecta nuestra vida profesional y que eso es muy problemático en algunas empresas”. (30 años, un hijo de 2 años y medio, profesional, trabaja independiente). 

“Sería necesario reducir mis horas de trabajo a medio horario durante el primer año del bebé”. (28 años, sin hijos, licenciada en comunicación, empleada en el área textil) 

“Alguna ley que permita trabajar medio horario o menos horas durante los primeros 2 o 3 años de maternidad, percibiendo el mismo salario o una parte importante de éste (75%)”. (29 años, sin hijos diseñadora textil, ocupación seguimiento de producto y control de calidad en empresa de Trading, triangulación: fabricación en China, venta para otros países de América) 

“Una legislación más clara, beneficios en tiempo, sobre todo luego de nacido el niño y

hasta los primeros dos años de vida. Una maternidad más compartida con el

padre, pero por ley, como en Suecia. Los padres tienen más vacaciones que

acá cuando nace su hijo”. (30 años, un hijo de 2 años y medio, profesional, trabaja independiente). 
 

¿Se te presentan dificultades para acompañar la crianza de tu hijo y trabajar? 

“Si, claro, tenés que montar toda una logística para que alguien esté con tu pequeño mientras trabajas. Estas cansada mentalmente, porque no solo tenés la responsabilidad del trabajo sino toda la del pequeño, su salud, nutrición, educación, recreación, etc. Creo que un rol más participativo de los padres en la toma de decisiones es un alivio. Pero claro, son hábitos que se tienen que ir adquiriendo desde que nacemos”. 

“La verdad es que hace dos años y medio que soy mamá y trabajo de forma independiente, y aún así no he logrado encontrar un balance entre una vida y la otra. Pero tampoco tengo una receta o solución al mismo. La realidad es que a mi hijo lo crían otras personas y si bien mi rol está implícito siempre, porque ser mamá es un vínculo muy fuerte, mis horarios con él son a partir de las 18 horas  y los fines de semana”.

(30 años, un hijo de 2 años y medio, profesional, trabajadora independiente).

 
“Los problemas más importantes son cuando mi hijo está enfermo, en los trabajos es difícil que te dejen faltar, y si podés faltar te descuentan y además te hacen perder el presentismo. Que te descuenten, bueno, pero lo otro considero que está mal. Además tengo problemas con quien dejarlo mientras trabajo, no tengo una guardería que no me cobren para mandarlo. Es muy chico, tiene un año y medio y en el CAIF no me lo toman (19 años, un hijo de un año y medio, trabajadora de empresa de limpieza)”.
 
 

Bibliografía 

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