“Evaluación y
discusión de un conjunto de medidas educativas, laborales y
fiscales que busquen disminuir las contradicciones entre maternidad
deseada y desarrollo integral de la mujer”
Carmen Varela Petito1
Documento elaborado para el Ciclo de
Talleres:
“Políticas de
Población: Debate Sobre Propuestas Concretas”
Octubre 2007
Organizan:

Evaluación y discusión de un conjunto de medidas
educativas, laborales y fiscales que busquen disminuir las
contradicciones entre maternidad deseada y desarrollo integral de la
mujer2
El reciente descenso
de la fecundidad por debajo del nivel de reemplazo3
de la población (2,04 hijos por mujer en 2005), unido a la
continuación del proceso emigratorio, ha motivado la
preocupación y el debate desde distintos ámbitos
de la sociedad, acerca de los efectos que genera el escenario
demográfico actual sobre el futuro de la
población y el desarrollo del país. (Varela, C.,
2007).
Uruguay es un
país que desde hace cincuenta años tiene un
promedio bajo de hijos por mujer y, consecuentemente, un envejecimiento
de su población. En lo que respecta al nuevo ajuste de la
fecundidad, en la medida que éste sea sostenido en el
tiempo, va a implicar una acentuación del envejecimiento,
una disminución de la población menor de 15
años y una reducción –en el mediano
plazo- de la población en edades activas. Esta
situación comprometerá y presionará el
sistema de pensiones y seguridad social y obligará a la
redistribución de la asignación de recursos
técnicos, financieros y materiales tanto al interior del
sistema de salud como de enseñanza, entre otros efectos
esperables.
El descenso de la
fecundidad puede estar reflejando en parte una
insatisfacción respecto al número de hijos
tenidos, producto de los conflictos entre la esfera reproductiva y
productiva. En la dinámica cotidiana de las mujeres, donde
la esfera doméstica ya no es su único
ámbito y la maternidad en muchos casos no es el
único proyecto de vida, se suceden conflictos entre los
tiempos que requiere la crianza (que continúa estando
mayoritariamente a su cargo) y los tiempos dedicados al trabajo y a
otras actividades. La crianza de un niño requiere tiempos de
dedicación por un período prolongado. Para ello
es necesario contar con determinadas condiciones que permitan disfrutar
la maternidad y la paternidad, a la vez que ambos progenitores puedan
desarrollarse en forma integral más allá de su
rol parental.
“La crianza humana no está presente en la agenda social del país, sería necesario incorporarla. Ello requiere el reconocimiento de los derechos de crianza, que son los derechos adquiridos de aquellas personas que desean hacerlo por íi mismas y los derechos sustitutivos de crianza de los niños en determinados momentos del dí,a para aquellos que así lo prefieran Es una cuestión de derechos que las mujeres y los varones no tengan que posponer o limitar su reproducción porque no cuentan con requerimientos adecuados para la crianza de sus hijos”. (Varela, C., 2006)
cargo
En este marco,
desplazamos la discusión de la baja o alta natalidad y la
necesidad de promover políticas que fomenten su incremento,
hacia la preocupación por la falta de políticas
sociales que acompañen la crianza de los hijos y permitan
conciliar la maternidad y la paternidad, con el desarrollo integral de
las personas. Las políticas familiares y de apoyo a la
crianza no deberían perseguir un objetivo
demográfico, sino de garantizar los derechos de las mujeres
y los varones para decidir su descendencia. Deberían brindar
las condiciones adecuadas que permitan alcanzar la
satisfacción sobre el número de hijos que se
desean tener y conciliar la maternidad y la paternidad con las
restantes actividades de su proyecto de vida.
Los conflictos que
devienen por la falta de este tipo de medidas conducen en algunos casos
–como se menciona más arriba- a restringir el
número de hijos tenidos y se manifiestan en una
insatisfacción por defecto, vale decir, menos hijos de los
que realmente se desean tener. También las mujeres que
expresan una insatisfacción por encima de la deseada
respecto al número de hijos tenidos, pueden enfrentar
tensiones no sólo porque no tienen el acceso a las
condiciones adecuadas para controlar su reproducción sino
porque, además, se les dificulta combinar la crianza de sus
hijos con el desempeño laboral.
La
investigación realizada por Peri y Pardo (2006) revela que
en el Uruguay el 46,3% de las mujeres de estratos sociales
medios y el 41,7% de estratos altos tienen menos hijos de los que
desearían tener. Por el contrario, el 33,6% de las mujeres
de estratos bajos manifiestan que tienen más hijos de los
que desearían. La insatisfacción en el plano
reproductivo enfrenta a las personas a un déficit de
bienestar respecto a la familia que desean y a sus posibilidades de
desarrollo personal.
Los datos sobre
insatisfacción por defecto respecto al número de
hijos tenidos y deseados se puede vincular con la
observación del número de hijos que tienen las
mujeres con distintos niveles educativos4 a los
30 años y al final de su vida reproductiva (40 a 49
años). (Varela, C. investigación en curso, 2007).
En los cuadros siguientes se observa que el 38,7% de las mujeres entre los 30 y 34 años, con educación media alta y alta tiene cero hijos y que el 31% tiene 1 hijo. Estas mujeres todavía están en un momento en el ciclo de vida que les permite tener hijos. Sin embargo estos datos muestran un retraso en el calendario reproductivo y una intensidad baja de su fecundidad, que puede redundar en una insatisfacción por defecto de su descendencia al finalizar su período fértil. Estos datos, sin embargo, no son suficientes para realizar tal vinculación. Por otra parte, el 15,8% de las mujeres entre 40 y 49 años (que prácticamente han finalizado su posibilidad reproductiva) se ha quedado por fuera de la maternidad (cero hijo) y el 19,1% de las mujeres más educadas tuvo un hijo, valor que se sitúa por debajo del promedio nacional (2 hijos).
| Porcentaje de mujeres de 30 a 34 años | |||
| por educación según número de hijos | |||
| Uruguay - 2006 | |||
| Baja | Media | Media alta y alta | |
| 0 | 11,3 | 16,7 | 38,7 |
| 1 | 18,3 | 29,9 | 31,0 |
| 2 | 27,0 | 30,4 | 22,8 |
| 3 | 20,7 | 14,6 | 6,5 |
| 4 o más | 22,7 | 8,5 | 1,0 |
| Total | 100,0 | 100,0 | 100,0 |
| Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la | |||
| Encuesta Nacional de Hogares Ampliada, INE 2006 | |||
| Porcentaje de mujeres de 40a 49 años | |||
| por educación según número de hijos | |||
| Uruguay - 2006 | |||
| Baja | Media | Media alta y alta | |
| 0 | 6,7 | 9,1 | 15,8 |
| 1 | 13,3 | 17,7 | 19,1 |
| 2 | 26,3 | 34,9 | 38,2 |
| 3 | 20,3 | 22,0 | 19,4 |
| 4 | 12,9 | 8,7 | 5,5 |
| 5 o más | 20,6 | 7,6 | 2,0 |
| Total | 100,0 | 100,0 | 100,0 |
| Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la | |||
| Encues Nacional de Hogares Ampliada, INE 2006 | |||
Entendemos que los
elementos señalados pueden ser un insumo para la
elaboración de una agenda pública que contenga un
conjunto de medidas que acompañen la crianza de los hijos y
mejoren especialmente las contradicciones existentes entre maternidad y
desarrollo laboral y profesional. La formulación de
las mismas debería concebirse desde un enfoque de
género y derechos, de modo de que sea respetuoso de las
decisiones personales y que no profundice las desigualdades
existententes entre mujeres y varones. Todo ello desde una mirada
integral que se vincula con brindar mejores condiciones de vida para
las mujeres y los varones del conjunto de la sociedad.
La maternidad o la
paternidad, como se señaló anteriormente, en
muchos casos son parte y no lo único del proyecto de vida de
las personas. La inserción en el mercado laboral, el
ejercicio profesional, la formación continua, el tiempo
dedicado al ocio no deberían ser vividos -especialmente por
las mujeres- con “culpa”, como un
obstáculo que se interpone en la crianza adecuada de su o
sus hijos.
Concebimos las
decisiones reproductivas y el ejercicio de las mismas como derechos
humanos, que deben ser respetados como tales y que tanto el Estado como
la sociedad en su conjunto deben generar las condiciones apropiadas
para que los mismos se puedan ejercer libremente y sin conflictos con
el desempeño de la esfera productiva.
Discutir medidas que
atenúen los conflictos entre la esfera reproductiva y
productiva hace referencia a las políticas familiares. Estas
políticas tienden a posibilitar que las personas puedan:
1) tener los hijos
que desean;
2) superar las
contradicciones entre desarrollo personal de las mujeres y la
procreación (conciliar el trabajo, la educación y
la reproducción);
3) dada la nueva
estructura del empleo y de los hogares, disminuir los riesgos sociales
a los que se enfrentan las familias con hijos (Esping-Andersen, G.,
2004, p. 46).
La
legislación al respecto en el Uruguay ha sido escasa,
sólo ha contemplado la licencia maternal por 12 semanas, la
mitad antes del parto y las restantes post parto y, para el caso de las
empleadas públicas, un lapso hasta los 6 meses de edad del
niño de medio horario para el amamantamiento. Como
transferencias monetarias, lo único existente ha sido una
prima por nacimiento y el régimen de asignaciones
familiares, el cual, en la actualidad, se anuncia la
aprobación de la modificación del monto,
volviéndose más significativo para las personas
de bajos recursos.
El país no
ha tenido políticas sociales expresas que faciliten a los
progenitores la crianza de los niños. Entendemos que para
acompañar el crecimiento de los hijos libre de
contradicciones y culpas entre las tareas de crianza, de trabajo, de
formación y de recreación, es necesario generar
un debate sobre distintas propuestas que permitan (especialmente a las
mujeres que siguen teniendo mayoritariamente la carga de crianza)
superar dichas tensiones, teniendo especial cuidado en que las medidas
que se implementen no promuevan una mayor desigualdad y
discriminación entre mujeres y varones.
La
implementación de políticas de crianza implica
debatir y evaluar acerca de los costos que insumirían la
ejecución de este tipo de medidas. La adopción de
las mismas debería de ser gradual de manera que no
signifiquen un riesgo para el sistema fiscal y por tanto corran el
riesgo de no poder ser sustentables.
También
implica promover un proceso de cambio cultural a nivel de los distintos
actores sociales: gobierno, empresas, sindicatos, mujeres y varones, de
manera de superar la contradicción existente entre: hijos,
trabajo y desarrollo personal.
Ahora bien, la
implementación de políticas de crianza
redundaría en una mayor protección a la infancia
y la adolescencia, generando un entorno propicio para el crecimiento y
desarrollo de los mismos.
También
estas medidas contribuirían a generar una mayor igualdad
entre las mujeres de distintos estratos sociales, que se
sumarían a las diversas políticas sociales que el
país se encuentra implementando y que tienen como objetivo
superar la segregación social que se ha instalado en la
sociedad uruguaya. (Filardo, V., 2002 ).
Las ideas que se
desarrollan en este documento se basan en un conjunto de ideas
tendientes a generar el debate en el sistema político y en
distintos ámbitos de la sociedad, para la
creación de una agenda pública que promueva
medidas que acompañen la crianza de los hijos y
atenúen las tensiones existentes entre el ejercicio de la
maternidad/paternidad y el desarrollo integral de la mujer y el
varón. En particular, estas medidas deberán
tender a disminuir las contradicciones entre los tiempos dedicados a la
atención de los hijos, el trabajo, la formación y
el ocio, en especial para la mujer, que continúa siendo la
que tiene la mayor carga de los cuidados tanto de los hijos como de
otros integrantes de la familia.
Propuestas para la discusión de medidas de
conciliación entre maternidad y ejercicio profesional: hacia
un desarrollo integral de mujeres y varones
Las nuevas
modalidades de la familia, la autonomía individual
y la emancipación de la mujer son fenómenos
centrales que generan cambios en el significado de la maternidad y el
proyecto de vida de las actuales mujeres. ”…los
cambios ligados al creciente proceso de individualización en
las sociedades contemporáneas, llevan a que los individuos
quieran cada vez más de la vida en general y de sus
relaciones interpersonales en particular”. (Paredes, M.,
2003, p. 75). Este proceso está unido a la conquista de una
mayor democratización de las relaciones entre mujeres y
varones y a una equidad en la distribución de roles y
responsabilidades de los mismos. Todo ello orientado a una
valorización de un proyecto individual, que integre el
desarrollo profesional y la inserción en el mercado laboral
con la maternidad y las relaciones familiares.
En los
países de occidente, las esferas reproductiva y productiva
han estado segmentadas y diferenciadas entre los hombres y las mujeres,
destinándose básicamente a los hombres la
sustentación económica del núcleo
familiar y a las mujeres el cuidado de los hijos y del hogar.
La incorporación progresiva de la mujer en el mercado de
empleo, junto al papel de los movimientos feministas, han posibilitado
la salida de la mujer del ámbito doméstico y su
participación en la esfera pública a la vez que,
con grandes dificultades, los hombres participen más del
ámbito doméstico y la crianza de los hijos.
Es de destacar que en
el Uruguay los cambios que se han ido generando no implican que la
carga de crianza sea compartida en forma igualitaria por ambos
progenitores ni que se haya contado con apoyos que faciliten la crianza
de los hijos por parte del Estado. Es por ello que durante
este proceso de transformaciones se generan tensiones y contradicciones
(particularmente para la mujer) entre la crianza de los hijos -el
disfrute de la misma- y el desarrollo de otras actividades como el
trabajo, la formación y el ocio. (Aguirre, R. y Batthyany,
K., 2005).
La
implementación de políticas sociales que
faciliten la crianza de los niños no deberían de
hacerse esperar y tendrían que tender a integrar la esfera
reproductiva con la productiva, sin que una vaya en desmedro de la otra
y prestando especial atención a que las disposiciones a las
que se arribe no sean exclusivamente para que sólo las
mujeres puedan compatibilizar el mundo familiar y laboral y de esta
forma reforzar la discriminación hacia la mujer. Es
necesario promover un cambio cultural para que también los
varones se incorporen a las dos esferas y asuman por igual las
responsabilidades de crianza de sus hijos.
La
implementación de políticas de crianza o
conciliación se han implementado en algunos
países desarrollados5 y han obtenido
por lo general resultados exitosos. Al respecto Flaquer manifiesta que
en países de la Unión Europea que han
implementado políticas que acompañen la crianza, “…sean
cuales fueren las posiciones polítco-ideológicas
que motivan las medidas de conciliación entre
ocupación y familia, parece ser que –a pesar de
sus límites- han permitido que las parejas, o las mujeres
solas en el caso de las familias monoparentales, puedan gestionar mucho
mejor sus trayectorias vitales. Además, su
implantación ha facilitado que una parte importante de la
población tenga los hijos deseados y pasar sin traumatismos
socioeconómicos por situaciones conyugales de continuidad o
ruptura y también desarrollar la carrera laboral de las
mujeres. En cambio, su ausencia dificulta en gran manera estos procesos
de crecimiento personal y social”. (Flaquer, L,
2000, p. 82).
En este sentido se ha
generado consenso en torno a ciertas medidas que permiten conciliar las
responsabilidades familiares con las profesionales y posibilitan una
mejor integración entre la esfera productiva y la
reproductiva. Ellas se vinculan básicamente con:
1) servicios de atención a los
niños mientras los padres desarrollan otras actividades,
2) regulaciones laborales respecto a la
extensión de la jornada de trabajo y flexibilidad horaria,
3) licencias parentales por nacimiento de hijos o
adopción de niños
A su vez a estos tres
grupos de medidas se incorporan disposiciones fiscales que
promueven y facilitan la implementación de las mismas. A
continuación desarrollamos algunas propuestas para la
discusión que apuntan a estos tres grandes ítems.
Las
experiencias de países pertenecientes a la
Unión Europea muestran que los incentivos
económicos son insuficientes para atenuar las tensiones
entre maternidad y desarrollo integral de las mujeres. En general se
encuentra un efecto más positivo con la
implementación de los servicios de cuidado infantil durante
el lapso del día en que los padres no pueden ocuparse de
ellos por su desempeño laboral. En particular esto se ha
observado en Francia, Suecia y los países
nórdicos en general, que han puesto en práctica
medidas generalizadas para el cuidado de los niños
pequeños (0 a 4 años) mientras los padres
trabajan, y de servicios de atención a los niños
escolares luego de finalizada la jornada educativa. (RAND EUROPE, 2006).
En este sentido, una
medida a tener en cuenta sería la generalización
de un sistema público de servicios de cuidado y
educación para niños de 0 a 3 años.
También se puede promover la implementación de
estos servicios a nivel privado y de esta forma descomprimir el sistema
público de educación inicial.
En el caso de las
empresas, el Estado podría incentivar la
incorporación de servicios de guarda de niños
pequeños (0 a 3) para los hijos de los trabajadores a
través de la deducción de impuestos, y para
aquellos padres que envíen a sus hijos a
guarderías pagas, la posibilidad de deducir parte de los
costos del impuesto a la renta de las personas físicas
(IRPF).
“En general, la tendencia a un
aumento del “bienestar mixto” a partir de una
creciente asociación entre la Administración
pública y agentes no gubernamentales ha hecho que grandes
empresas en Europa ofrezcan servicios de atención a la
primera infancia…”. (Flaquer, L. 2000,
p. 88).
Otra
opción a tener en cuenta sería que para aquellos
padres que opten por emplear una persona para el cuidado de los
niños en el hogar, puedan deducir impuestos por los costos
que ello les insume. Este tipo de medida, sin embargo, puede ser poco
equitativa desde el punto de vista de la diferenciación
social vertical, porque favorecería solo aquellas familias
que pagan IRPF y por tanto lo podrían deducir.
Flaquer
señala que existen grandes diferencias entre los
países que han implementado servicios de guarda
para niños pequeños con el fin de conciliar la
crianza de los hijos con la inserción en el mercado laboral.
“…en 1988 mientras que en
Bélgica Dinamarca, Francia, Italia y Suecia más
del 80% de niños de tres años tenían
una plaza en una guardería pública o fuertemente
subvencionada por el Estado, Australia, Canadá y
Japón solamente ofrecían plazas al 25% de los
niños de esa edad”. (Flaquer, L. 2000,
p. 88).
Francia, en
particular, fue uno de los primeros países en considerar
como un deber desarrollar un servicio público de
guarderías que atendiese a toda la población de
niños pequeños. Esta medida, junto a otras
disposiciones de flexibilización y reducción de
la jornada laboral, ha logrado mejorar la conciliación entre
maternidad y trabajo.
Respecto a los
servicios de cuidado de los niños en la primera infancia es
importante tener en cuenta los objetivos de los mismos. Estos pueden
estar orientados al mero cuidado de los niños para facilitar
la incorporación de las madres en el mercado de empleo -y
carecer de contenidos pedagógicos que apunten a una mejor
socialización del niño- mientras que otros tienen
sólidos contenidos educativos y de incentivos de los
pequeños.
Las propuestas
anteriores se orientan a la atención de los niños
pequeños, pero no tienen en cuenta a los niños en
edad escolar y a los adolescentes. Dependiendo de la jornada laboral de
los padres y de la extensión horaria escolar, puede ser
necesaria la instrumentación de servicios de
atención y recreación para el lapso que dista
entre la salida de la escuela y el regreso de la madre o el padre al
hogar.
Por otra parte, los
adolescentes también necesitan ámbitos de
socialización que los contengan luego de finalizada la
jornada educativa y en horarios en que los padres se encuentran
todavía ausentes del hogar.
Una idea al respecto
podría ser la organización de centros recreativos
a partir de la iniciativa conjunta de organizaciones no gubernamentales
y los municipios departamentales. Para el caso de Montevideo, la
descentralización ya existente podría facilitar
dicha instrumentación a partir de los centros comunales
zonales.
Los requerimientos de
los niños a lo largo del ciclo vital son diferentes y, en
consecuencia, la carga de crianza y los tiempos son diferentes en sus
distintas etapas. El Estado debería implementar medidas que
contemplaran esas diferentes etapas y atenuaran las tensiones entre la
esfera reproductiva y la productiva, medidas que deberían
abarcar tanto al sector público como al privado.
Sin embargo, hay que
tener en cuenta que los cambios a nivel del mercado laboral que
promuevan una mayor protección a mujeres con hijos
pequeños o embarazadas, implican un cambio de mentalidad en
todos los actores involucrados, los empresarios, directivos del
ámbito público, los sindicatos, las mujeres y los
varones. En el imaginario empresarial, las mujeres con hijos
pequeños o embarazadas representan un problema. Esa es una
primera cuestión a abordar y cambiar, y los sindicatos
podrían incorporar este tema para convertirse en actores
importantes en ese proceso de transformación.
Las medidas a
considerar se vinculan con:
a) Impedir
los despidos de las mujeres embarazadas. Si bien existe una
legislación al respecto, no impide el despido sino que
asegura una indemnización en caso que se suceda el mismo. El
proyecto de ley propuesto por el diputa Cánepa (Nuevo
Espacio), plantea la prohibición del despido. A esta
reglamentación se le podría agregar una
política de incentivos a través de deducciones
fiscales, para aquellas empresas que incorporen en sus plantillas
mujeres con hijos pequeños.
b) La
jornada laboral de medio tiempo para los padres con hijos
pequeños, durante un período delimitado, es una
estrategia que algunos países adoptan para alcanzar una
mayor conciliación entre la vida laboral y familiar. La
posibilidad de adoptar esta medida debe estar orientada a la
elección indistinta por parte de la madre o el padre, sin la
pérdida de beneficios y con la posibilidad de reintegro al
tiempo completo cuando la trabajadora o el trabajador lo deseen.
Sin embargo, en los
países que se implementa esta política son
mayoritariamente las mujeres las que tienden a optar por estas
facilidades. Es necesario promover los cambios para que
también los varones opten por estas facilidades,
lográndose relaciones más igualitarias y a su vez
que ellos también puedan acompañar, asumir y
disfrutar la crianza de sus hijos.
En los
países de la Unión Europea se puede apreciar que
el empleo a tiempo parcial es básicamente
femenino. Cuatro de cada cinco puesto de trabajo a tiempo parcial
están ocupados por mujeres. Los países en donde
la participación masculina es más elevada en la
asunción de la jornada a medio tiempo son: Grecia, Finlandia
Portugal, Italia, Dinamarca, Irlanda, Holanda y España (el
rango de variación va de un 40% en Grecia a un 25% en
España). (Flaquer, L., 2000).
La
elección mayoritariamente femenina de la jornada de medio
tiempo, en lugar de avanzar hacia una mayor igualdad entre mujeres y
varones puede llevar a una mayor discriminación y
desigualdad entre ellos. De todas maneras, con el paso del tiempo, en
los países europeos que han implementado este tipo de
medidas se observa un crecimiento de la participación de los
hombres en la elección de la jornada de medio tiempo.
Holanda es un ejemplo
en este sentido: entre 1985 y 1995 el porcentaje de mujeres ocupadas a
tiempo parcial respecto del total pasó de 51,6% a 67, 2%,
los hombres aumentaron del 7,7% a 16,8%. En términos
relativos es más significativo el incremento en los hombres.
La protección del trabajo a tiempo parcial para mujeres y
varones fue el producto de la confluencia de intereses entre los
sindicatos, el movimiento feminista y el gobierno. (Flaquer,
L., 2000).
c) Ausencias
del trabajo por atención de la salud de los hijos.
Otra medida importante en términos de legislación
laboral sería la factibilidad de ausentarse del trabajo en
caso de enfermedad de los hijos o de atención de salud sin
que ello acarree costos tanto económicos como en la
precariedad del trabajo. Otra vez, en este tipo de decisiones
está presente la cuestión de que no siempre sea
la mujer la que toma este tipo de decisiones.
Cualquiera de estas
medidas deberá estar acompañada de incentivos
hacia las empresas por parte del Estado, ello traducido en
deducción de impuestos a las empresas y en la
compensación a los trabajadores de parte de la
pérdida del salario. En la medida en que la
adopción de estas reglamentaciones no comprometa de forma
importante el monto del salario de la trabajadora o el trabajador,
estas medidas van a ser más factibles de usufructuar y
hará que esa modalidad también sea optada por
parte del varón.
d)
posibilitar que las medidas sean pasible de uso tanto para la mujer y
el varón
Las medidas que se
implementen deberán de ser cuidadosas de no caer en un
refuerzo de la desigualdad y discriminación de la mujer, en
tanto estas facilidades no sean usufructuadas por ambos progenitores.
Las desigualdades de
género que aún persisten en la sociedad y que se
traducen en roles diferenciales para mujeres y varones, generan una
sobrecarga para las mujeres que aspiran a un proyecto de vida
más allá de la maternidad. El tener un hijo no
debería de ser un impedimento para que las mujeres puedan
trabajar. En la medida que los hombres aumenten su
contribución al trabajo familiar y que se impliquen
sustancialmente en la educación y crianza de los hijos, se
podrá compatibilizar mejor la vida familiar y laboral.
La
legislación existente en el país respecto a
licencia por el nacimiento de un hijo está dirigida
exclusivamente a la mujer y se extiende por 12 semanas, repartidas
antes y después del parto. Para el caso de los empleados
públicos existe la posibilidad de contar con una jornada
laboral de medio tiempo para amamantamiento, pero sólo hasta
que el niño cumpla 6 meses.
Recientemente el
diputado del Frente Amplio Diego Cánepa (Nuevo Espacio) ha
propuesto a la bancada de su partido un proyecto de ley sobre
“fuero maternal y de lactancia”. El legislador
manifestó que estas iniciativas procuran “avanzar
lo más posible en una profundización de los
derechos de los ciudadanos” y agrega que ello implica
“la ampliación de los espacios de libertad del
ciudadano”. (Búsqueda, 20/9/2007).
Las medidas de este
proyecto, que abarcarían la prohibición de
despido a las embarazadas y la garantía de que todas las
mujeres trabajadoras, públicas y privadas, puedan tener una
jornada de medio horario hasta que el niño cumpla los seis
meses de vida, a fin de garantizar un adecuado amamantamiento, no
avanzan en términos de disposiciones que contribuyan a la
igualdad entre mujeres y varones en la carga de crianza de los hijos.
Sólo considera a la mujer en términos de las
necesidades respecto al amamantamiento del niño y la
pérdida del trabajo por causa de embarazo. El diputado
Cánepa también se plantea la posibilidad de
extender la licencia por maternidad de 14 a 16 o incluso 18 semanas,
para ello se plantea estudiar la viabilidad de esta medida con el BPS.
La propuesta, si bien
implica un avance respecto a acompañar la crianza de los
niños, no tiene en cuenta a los varones y no considera otras
reglamentaciones que puedan atenuar las contradicciones y tensiones que
se les generan a las mujeres (por ser ellas quienes mayoritariamente
asumen las cargas de cuidados familiares) entre la crianza de sus hijos
y la inserción y el desempeño laboral.
Entendemos que el
país podría avanzar en materia de licencia por
nacimiento de un hijo extendiendo el plazo del mismo y con la
posibilidad de que por, lo menos en una etapa, sea factible de ser
usufructuada por el varón.
Esto
contribuiría a que las medidas que se implementen no
constituyan exclusivamente decisiones para que las mujeres
compatibilicen el mundo familiar y laboral, reforzando la
discriminación hacia la mujer. Es necesario promover un
cambio cultural para que también los varones se incorporen a
los dos mundos y asuman por igual las responsabilidades de crianza de
sus hijos. El hecho de que los varones puedan disfrutar de licencia
para el cuidado de un hijo recién nacido, avanza en los
términos mencionados.
Otro punto
crítico y que es muy importante al momento de decidir la
licencia parental, es el porcentaje de reducción del
salario. En la medida que el porcentaje de disminución sea
elevado y que continúen habiendo salarios mayores para los
varones, van a ser las mujeres las que continúen optando por
la elección de la licencia en su totalidad. Esta
situación se puede mejorar con la reglamentación
de que haya una parte de la licencia que sea exclusiva para usufructo
del padre y que, de no tomarla, el varón pierda el
beneficio. Lo otro y más importante aún, es
avanzar hacia la igualdad de remuneraciones entre mujeres y varones.
El impacto
económico en la economía familiar por la
disminución del salario cuando se toman este tipo de
licencias podría atenuarse con incentivos de tipo fiscal
hacia las empresas que compensen una parte de esta pérdida
salarial.
Entre los
países que incorporan la licencia parental a los varones hay
diversidad de opciones. Unos les otorgan apenas unos pocos
días, en otros en que la licencia por nacimiento de un hijo
es extensa, dan la posibilidad de que la tome indistintamente la mujer
o el varón; en otros, es obligatorio que parte de la
licencia la tome el padre y en el caso de que no la tome se pierde.
Algunos testimonios…
Por
último y a modo de cierre, damos paso a algunos
testimonios de mujeres jóvenes de distintas profesiones que
reflejan algunas de las necesidades que las mujeres manifiestan para
conciliar la maternidad con el ámbito laboral.
A la pregunta:
¿Qué apoyos
necesitarías para tener un hijo y conciliar tu desarrollo
personal y profesional con la maternidad? Responden:
“Motivar a las empresas grandes a que
tengan jardines cerca de las madres que trabajan, que tengan realmente
posibilidades de vacaciones, horarios especiales o
licencias”. “Ahora, sabemos que muchos de esos
beneficios existen, pero quienes tenemos niños sabemos que
afecta nuestra vida profesional y que eso es muy
problemático en algunas empresas”. (30
años, un hijo de 2 años y medio, profesional,
trabaja independiente).
“Sería necesario reducir mis
horas de trabajo a medio horario durante el primer año del
bebé”. (28 años, sin hijos, licenciada
en comunicación, empleada en el área textil)
“Alguna ley que permita trabajar medio
horario o menos horas durante los primeros 2 o 3
años de maternidad, percibiendo el mismo salario o una parte
importante de éste (75%)”. (29 años,
sin hijos diseñadora textil, ocupación
seguimiento de producto y control de calidad en empresa de Trading,
triangulación: fabricación en China, venta para
otros países de América)
“Una legislación más clara, beneficios en tiempo, sobre todo luego de nacido el niño y
hasta los primeros dos años de vida. Una maternidad más compartida con el
padre, pero por ley, como en Suecia. Los padres tienen más vacaciones que
acá cuando nace su hijo”. (30
años, un hijo de 2 años y medio, profesional,
trabaja independiente).
¿Se te presentan dificultades
para acompañar la crianza de tu hijo y trabajar?
“Si, claro, tenés que montar
toda una logística para que alguien esté con tu
pequeño mientras trabajas. Estas cansada mentalmente, porque
no solo tenés la responsabilidad del trabajo sino toda la
del pequeño, su salud, nutrición,
educación, recreación, etc. Creo que un rol
más participativo de los padres en la toma de decisiones es
un alivio. Pero claro, son hábitos que se tienen que ir
adquiriendo desde que nacemos”.
“La verdad es que hace dos años y medio que soy mamá y trabajo de forma independiente, y aún así no he logrado encontrar un balance entre una vida y la otra. Pero tampoco tengo una receta o solución al mismo. La realidad es que a mi hijo lo crían otras personas y si bien mi rol está implícito siempre, porque ser mamá es un vínculo muy fuerte, mis horarios con él son a partir de las 18 horas y los fines de semana”.
(30 años, un hijo de 2 años y medio, profesional, trabajadora independiente).
“Los problemas más importantes son cuando mi hijo
está enfermo, en los trabajos es difícil que te
dejen faltar, y si podés faltar te descuentan y
además te hacen perder el presentismo. Que te descuenten,
bueno, pero lo otro considero que está mal.
Además tengo problemas con quien dejarlo mientras trabajo,
no tengo una guardería que no me cobren para mandarlo. Es
muy chico, tiene un año y medio y en el CAIF no me lo toman
(19 años, un hijo de un año y medio, trabajadora
de empresa de limpieza)”.
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